lunes, 7 de noviembre de 2011

En ocasiones, veo muertos…

La célebre frase cinematográfica de "El sexto sentido", la dice un niño temeroso y asustado a su psicólogo.
Por el contrario, yo la pronuncio con serenidad, alegría y paz interior.

Cuando voy a la casa del pueblo, tan antigua, tan noble, tan perdurable y reconfortante, algún verano, muy avanzada la noche, conjuro un singular y familiar aquelarre.
Subo despacio, contemplando antigüedades y cuadros evocadores de mis ancestros, hasta alcanzar la buhardilla y al abrir el armario de los trajes, siento el embriagador perfume a una fragancia que ya no se destila “Cabochard” y que era la que invariablemente usaba mi abuela.
Ahí está mi vestido favorito: de raso color del oro y pedrería, pesa muchísimo, así que me cuesta un poco ponérmelo. Se comprende que las damas necesitasen doncellas para que las ayudaran a vestirse.
Miles de corchetes, botones en lugares inverosímiles…por fin consigo lucirlo con la debida dignidad y empaque.

El fru fru de la falda al deslizarse por la escalinata hasta llegar a la sala de música me precede.

Estoy impaciente por reencontrar a mis parientes que son presencias benéficas que aunque me acompañan siempre, esas noches de fiesta comparecen ante mí mucho más claramente, como si su vida fuera aún verdad.

En el gramófono – una reliquia de época que sigue funcionando – suenan melodías con el swing de los años treinta y ahí están todos mis afables antepasados que han venido a agasajarme, para recordarme que siguen aquí por si me hacen falta, por si estoy triste, por si les necesito pues pueden ayudarme.
Mi tío Ángel con un elegante chaqué de solapa en terciopelo – no es noche de frac, se trata sólo de un entrañable encuentro familiar – me besa la mano mientras toma la mía entre las suyas en cálida caricia, la tía Concha más circunspecta, ataviada de azabache, me pregunta cariñosamente por mi salud y la de los míos, mi tatarabuela “la china” como una Preysler de su tiempo, me mira desde sus ojos rasgados y chispeantes que hemos heredado alguno de mis hijos y yo. Con su bellísima mirada oriental y sus cigarrillos turcos es la viva imagen de la sofisticación, me besa y un intenso aroma a sándalo me envuelve sutil aunque permanente.

Pero presidiéndolos destaca la dama más importante, más distinguida, la que más amor supo darme siendo por mi parte correspondida: mi  abuelita.
En traje de lamé marrón y con un tocado hermosísimo de plumas, me permite acurrucarme a su lado, me acaricia, me asegura que está pendiente de mí en todo momento, que me quiere con locura, que mientras ella me cuide estoy a salvo de problemas y penas…abuelita querida…tan elegante pero con una hechicera naturalidad .

A lo largo de la velada, me cuesta mucho separarme de ella, su visión privilegiada me recuerda la infancia que fue feliz por su gratísima influencia, me traslada a los lugares a los que viajamos, las películas que vimos juntas, los libros que me recomendó y que me fascinaban…
Ella me enseño a sobrellevar la vida en todas sus circunstancias con fortaleza y esperanza.
No he sido una discípula demasiado avanzada pero me esfuerzo por alcanzar ese porte, ese saber estar segura y pausada y su mentalidad irónica y optimista frente a la adversidad.

Poco a poco, todos se despiden y me dejan su afecto con un beso en la frente los caballeros y en la mejilla, las señoras.
Mi abuela además me abraza y pronuncia una frase excepcionalmente cariñosa en mi oído que yo atesoraré en el cofre de nácar de mi alma, hasta que vuelva a verla.

Cuando me quedo sola, me he asomado a uno de los ventanales. La calle del pueblo, ya entrada la madrugada mágica, está desierta pero de pronto, unas risas cortan el silencio como con un cuchillito delicado de plata.
Son una pareja de novios que apura la oscuridad caminando abrazados, enlazados sus cuerpos sosteniéndolos a ambos gracias a su amor que desafía al cansancio.

Él vuelve la cabeza y entre las sombras, un rayo de luna me ilumina.
Lo dorado de mi vestimenta le deslumbra y le asusta, por eso yo le sonrío para que se tranquilice y él grita a la par que me señala.
Pero yo ya he desaparecido tras los postigos con la certeza de que este muchacho recordará siempre que a los fantasmas no hay que tenerles miedo.

Porque son buenos y muy cercanos. Porque nos velan y nos amparan.
Porque los que nos han amado intensamente no dejan de hacerlo nunca.

18 comentarios:

sunsi dijo...

Asun. Qué delicado homenaje a tus antepasados. ¿De veras que te vistes así? ¿Y los trajes se conservan sin apolillados? He visualizado la escena y me ha enternecido. Los muertos siguen vivos si alguien los recuerda con el mismo cariño que tú...

Precioso post. Gracias, tocaya.

Pd... Hola, leles... tomae... jajajaja.

Modestino dijo...

Que atrayentes los viejos caserones, esos que huelen a historia y a recuerdos.

Y que bonito escarbar entre los que nos precedieron.

PILAR T dijo...

Querida Asun:

Magnífico relato e imagen para algo que debería acompañarnos desde temprana edad; el recuerdo de nuestros antepasados, el respeto a nuestra procedencia y la creencia de que están junto a nosotros, que depende de nosotros que no caigan en el olvido.

GRACIAS

Candela dijo...

Esos caserones antiguos siempre están llenos de recuerdos de aquellas personas que hicieron impronta en nuestra niñez.

Yo todavía puedo oler el aroma a Lavanda de los braseros cuando voy a casa de mi abuela, es inevitable esa sensación de desamparo cuando te haces adulto pero tambien reconforta.

Un beso Asun y enhorabuena por tu bella descripción.
;)

Álex dijo...

Debe ser muy hermosa esa casa familiar, Asun. Y todo lo que contiene también, material y espiritual. Es muy bonito lo que cuentas y cómo lo cuentas y sobre todo se nota que es un pequeño e importante tesoro que -una vez más- compartes con nosotros sin tener por qué hacerlo.
Para mi también es muy importante esa sensación de que siguen acompañándome las personas que me querían y ya no están. Y también una de mis abuelas y dos de sus hermanas ocupan un lugar muy especial. Has hecho varias menciones a los olores y es cierto que es una de las cosas más evocadoras: hace poco abrí un bolso de mi abuela que no me atrevo a tirar y ahí apareció ella, como si estuviese allí mismo, gracias al olor delicado del interior del bolso...

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

sweet sunsi: Efectivamente, guapa, los trajes por desgracia están en bastante mal estado. Es una lástima porque son preciosos y sí alguna vez me los pongo...espero que esta confesión no me proporcione fama de chiflada...:-)
Gracias siempre por todo
A

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Pues sí, amigo Modestino, pienso que "tener raices" es un privilegio que debemos transmitir de padres a hijos...cuando son jóvenes no lo valoramos tanto pero en la madurez lo consideramos un tesoro...
Mil gracias por venir!!!
A

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

GRACIAS A TÍ POR TU DELICADA COMPRENSIÓN AMIGA PILAR T y desde luego toda mi gratitud por tu entrañable visita
A

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Queridísima Candela: Dos cosas, primero felicitarte por tu sensibilidad que demuestras con la evocación del recuerdo de tu abuela y segundo, en tu persona, representando a todos los que tenéis blogs, presentaros mi más sentidas disculpas por mi "ausencia".
Ya he comentado alguna vez aquí que os estoy preparando una sorpresa a modo de ofrenda ¡y caramba no sabéis lo que cuesta espero que valga la pena pero me muero por visitar vuestras "casas" que conste! y espero hacerlo a no mucho tardar...
Un abrazote
A

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Muy estimado amigo Álex:
Estoy muy contenta de que hayas interpretado tan bien mi relato. Era de esperar en un hombre de tus valores y sensibilidad. Esto, comprende que te lo digo de corazón y con pleno convencimiento...¡¡¡ayyyy mi Álex que es un tesorito de comentarista!!!
Me encanta tu mención a la capacidad "transportadiora" en el recuerdo de los aromas, dice mucho a tu favor que seas capaz de entender su significado con plenitud...
Un beso fuerte, fuertísimo
A

anastasia dijo...

Querida Asun, qué bonito y emotivo relato el de hoy y cuántas cosas me has hecho recordar a mí tambien.
Por desgracia, mi familia es muy poco numerosa y desconozco muchos detalles. La información que tengo se remonta hasta mis bisabuelos maternos y ahí, se pierde el origen.
Estoy de acuerdo con los comentarios del resto de amigos que hacen aquí. Saber de tus raices y tener conocimientos detallados de ellos, a ser posible, es lo que conforma e identifica a todo ser humano.
Estoy convencida de que aquellos seres queridos que se fueron, siguen con nosotros y nos cuidan. Y estoy convencida porque hace unos años, tuve una experiencia , digamos que paranormal clarísima, con mi abuela materna a la que adoraba y debido a que me fue absolutamente imposible asistir a su entierro por encontrarme fuera de Madrid.
La misma noche de su defunción y estando yo durmiendo, ella vino a sentarse en mi cama y me susurró al oido que me quería y que no me preocupara por no haber podido estar en su último adiós.Lo curioso es que no sentí ningún miedo y muy al contrario, me quedé tremendamente tranquila.
Y esto, no fue un sueño.

Bueno, precioso relato el de hoy y tambien agradezco que lo compartas con nosotros de forma tan generosa.

Un beso eterno para tí Asun y feliz dia a todos.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Queridísima anastasia: tu aportación de hoy tiene un valor incalculable!!! Lo que cuentas acerca de tu abuela es enormemente confortador...supongo que te das cuenta...es como una pruebe real de lo que yo me conformo con imaginar...
Dice mucho a favor de ti que te ocurríera, eres y lo digo con total sinceridad "una elegida".
Y muy generosa y valiente por contarnoslo a nosotros.
Reavivas mi esperanza en un mejor Más allá amiga, no tengo palabras para darte las gracias, pero me permitirás que rece un Padrenuestro a tu abuela por mis intenciones.
Un abrazo y un beso emocionados
A

anastasia dijo...

Asun,corazón, si me he atrevido a contar mi experiencia aquí, es porque la calidad humana de todos tus amigos y, por supuesto, tuya me transmite esa confianza. Estas cosas no se cuentan a cualquiera y pocas personas de mi entorno son conocedoras de este episodio porque no es fácil creer en esto y podría parecer inventado.
Espero algún día relatarte en persona esta experiencia, pero créeme que los seres queridos están aquí, protegiéndonos. Son los verdaderos ángeles de la guardia.
Y no soy una "elegida". Sólo soy la nieta de mi abuela querida...jajjaaj.
Gracias por tu oración, querida amiga. Yo sigo pidiendo por tu salud porque creo en ese poder espiritual de la oración.

Otro beso emocionado para tí y que Dios te bendiga.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Un millón de gracias anastasia ¡¡¡eres una persona maravillosa!!! Estaré tan orgullosa de conocerte algún día...
Un abrazo muy grande

sunsi dijo...

Asun. Me gustaría dejarle este enlace a Anastasia. Espero que le guste:

http://www.youtube.com/watch?v=ThrBtPjXNN4

Besos a las dos.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡¡¡Super oportuno sweet sunsi!!! Muchísimas gracias por saber dar siempre lo que una necesita...es una cualidad que te honra y que es típica de tu grandeza...
Big kiss
A

Álex dijo...

Siempre he pensado que lo de la vida eterna tiene mucho que ver con lo que sembramos en los demás, aunque nunca sé ponerlo en palabras.
Habrá que dedicar este post a todas las abuelas, ¿verdad? Parece que son expertas en dejar una hermosa huella...
Feliz noche a todos.

anastasia dijo...

Sunsi guapa, no sólo me ha gustado..¡¡ me ha emocionado muchisimo ¡¡..uffff vaya nudo en la garganta...
Gracias, de verdad. Desconocía este tema de la Oreja...precioso. Gracias, gracias..eres un sol. Un beso enorme para tí.

Alex, majo, creo que nadie muere de verdad mientras se le recuerde. Quien ha querido a los suyos, permanece en el recuerdo de los vivos. Bueno, tampoco lo se expresar bien pero me parece que se acerca a lo que tú quieres decir.
Y, por petición popular, este post queda dedicado a las abuelas y abuelos, que tambien los hay maravillosos.jajaja
Otro beso para tí.

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