lunes, 28 de noviembre de 2011

"Un gracioso"

Parece que mi ordenador ha sido atacado por un virus al que no le ha gustado mi novela, desconfigurándolo por completo.

Sabréis de mi si conseguimos arreglar la avería.
Se ruega no publicar comentarios hasta nuevo aviso. Muchas gracias y perdonad las molestias.

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martes, 22 de noviembre de 2011

"Abril no vuelve"

"En el marco de la convulsa España de los años treinta se desarrolla la historia de Luis e Inés, marcada por el amor y la tragedia.

La trama, cuyo interés va in crescendo, escrita con un estilo impecable, nos muestra varias relaciones humanas entrelazadas hábilmente entre sí, protagonizadas por personajes que gracias a la destreza de la autora nos parecen reales,  sin maniqueísmos, ricos en aristas como la vida misma, que no por predecible deja de ser siempre apasionante…"
(Crítica publicada por D. José Antonio Pastor Cañada. Escritor y Periodista)




El mejor regalo

Amigos:

Ya os he comentado a menudo y muy sinceramente que lo que considero mejor de mi blog sois vosotros, los comentaristas.
Y los lectores anónimos también tienen lugar de preferencia.
Jamás me habéis fallado, cuando estaba triste, para reírnos a mandíbula batiente, en la salud y en la enfermedad, habéis cumplido mejor que un matrimonio bien avenido.

Y yo quería corresponder de algún modo.
Así que pensé en haceros un regalo, el que yo considero mejor: un libro.
Una novela mía que fue finalista del Premio Café Gijón en una edición del pasado siglo y que escribí antes del "boom" de recuperación de la llamada, a veces falsamente, “memoria histórica”.
Aunque ambientada en los años treinta no tiene la menor ínfula ni pretensión, es simplemente una historia de amor.
Está escrita con el corazón.
Por eso, tras tenerla que transcribir arduamente a "Word", necesito solo unas horas más para corregirla, lo haré enseguida para poderla "colgar" cuanto antes aquí.
Será un honor que me leáis y por eso no os agobiaré también con actualizaciones del blog.
Nos concedemos unos días para leerla con calma que es el mayor honor que me podéis hacer.

Yo a mi vez, os aseguro que estoy muy contenta de ofreceros una cosa tan mía.
Espero de verdad que la disfrutéis.

Con los comentarios podemos ir haciendo un “libro fórum” en el que acepto todo tipo de críticas y valoraciones.
Si bien a fuer de sincera, confío en que os guste.

Se llama “Abril no vuelve” y mañana la tendréis a vuestra disposición.

Con todo cariño e ilusión
Asun

lunes, 21 de noviembre de 2011

La soledad y yo


Todas las tardes a eso de las cuatro, un manto de oscuridad se cierne sobre la ciudad, una mantilla de encaje de nubes deshilachadas cubre los edificios y todo el panorama se vuelve gris y ceniciento.

La calle está desierta. Es una pequeña travesía bucólica y muy poco urbana de casas bajas que parecen haber huido de sus hermanas, los grandes rascacielos del centro.
A esa hora el tráfico mengua de manera considerable y los transeúntes caminan embozados a paso ligero para resguardarse del relente, o sea que no se oye más que silencio.

Soledad y silencio que a mí me dan miedo.

Deseo con todas mis fuerzas que algún ruido imprevisto venga a romper este pacto de dos situaciones que me asustan: un grito, una voz, una llamada de teléfono.

Pero, no.

Estoy sola y no me gusta.

Podría pasarme algo y ¿a quién pediría ayuda?
El taconeo de la vecina de arriba está también silente.

Yo, me resisto a dejarme llevar por la tristeza o la melancolía y me refugio en Harpo pero arrebujado en su blanca pelambrera, duerme con una inmovilidad que intranquiliza en su quietud de imagen cerúlea.

De modo masoquista me recreo en mi malestar y no escucho la radio ni veo la televisión, ante mis ojos sólo la blanca pantalla muda del ordenador.

Pero siempre que pienso que la soledad y el silencio me han vencido, que han podido conmigo y mi precaria entereza, el timbre de la puerta irrumpe en mis sombríos pensamientos como si abriera una ventana a la luz y mi corazón se llenara de sol.

Es Chete, mi hijo pequeño que en seguida me reclama la merienda.
Le abrazo con una ternura algo extemporánea como si me aferrara a un salvavidas en el naufragio de mis propios proyectos existenciales que hace un ratito han estado a punto de ahogarse en la profundidad negra del océano del temor a vivir sin tener a nadie por quien preocuparme ni a nadie que se preocupe por mí

El calor de su cuerpo de fibra juvenil me reconforta como una bocanada de oxígeno a un moribundo que se asfixia por falta del aire que inspira en sus pulmones y aspira libremente.
Me besa y el roce piel con piel me resucita.
Vuelve la vitalidad y recobro las perdidas fuerzas porque para algo muy nimio, sí, pero grandioso en su aún infantil rutina, mi hijo me necesita.

sábado, 19 de noviembre de 2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

Adiós a Zp

Me atrevo a proponer “una porra” de quién y en qué condiciones ganará las elecciones.
Ahí va mi vaticinio: el PP sacará un gran número de diputados pero no la mayoría absoluta. Desconfío del triunfalismo que impera.
Y conste que estaré feliz si me equivoco porque no creo que el PSOE merezca de ningún modo seguir gobernando y sumiendo el país en el caos. Y un pacto de gobernabilidad con los nacionalistas sería nefasto.




El ingenio del pueblo español no descansa, pese a los infortunios:

*Érase un ZoPenco de moral carente,*
*Érase un ZePorro acomplejado*
* Érase un ZamPabollos con "cero" de cociente*
* Érase un embustero redomado.*
*....*
*Érase un gilipollas indolente*
*Érase un pro abortista declarado*
*Érase un maldito delincuente*
*Érase un cobarde afeminado.*
*Érase un imbécil depravado*
*Érase un chiflado, un loco y un demente*
*que odiaba al católico creyente*
*y a "Aquel" que murió crucificado.*
*....*
*Érase un estúpido indecente*
*Érase un muñeco articulado*
* que por un atentado...¡¡casualmente!!*
*Manejaba las riendas del Estado.*
*....*
*Érase un Zoquete sin dos dedos de frente*
*Érase un patán endemoniado*
*Érase un Pueblo desgraciado*
*que pedía LIBERTAD ansiosamente*
*....*
*Érase un País desventurado*
*Érase un gobierno negligente*
*que aplastaba la esperanza de la gente*
*y arrasaba con todo lo sagrado.*
*....*
*Pero el mal no perdura eternamente*
*no se pierde la fe por un malvado*
*y al final "el felón" será juzgado*
*por INDIGNO, TRAIDOR Y PREPOTENTE*
*y por el Pueblo Español será enviado*
*a tomar por el culo...¡¡atentamente!!*


(Anónimo)

jueves, 17 de noviembre de 2011

Jóvenes de 80 años


Una excelente noticia: Hoy día apenas se muere nadie a juzgar por las edades que para bien o para mal logran alcanzarse.
Nuestros viejecitos llegan a épocas provectas y cuando alguno por casualidad fallece, se oyen absurdas y extemporáneas exclamaciones de asombro e incredulidad ¡¿ochenta y seis años?…tan joven!

Se les puede ver con sus carritos empujados amorosamente por hispanos y rumanos solícitos que los conducen al parque como si vivieran una segunda infancia.

Por eso llevan pañales y hay que estar muy pendientes de ellos para que no se hagan daño ni cometan ningún disparate.

Nuestros padres se convierten en otra versión de nuestros hijos cuando fueron pequeños.
Un ejemplo significativo: a mi padre – rozando los 90 abriles y en su tiempo abogado de grandísima competencia y prestigio, ecuánime y sensato entre otras cualidades destacables – ahora hay que esconderle el chocolate, si no es así nos encontramos con que se lo ha comido todo en un descuido.

Es entrañable pero a la vez triste porque los recordamos aun jóvenes y en la plenitud de sus facultades.

Los medicamos tanto que consiguen superar muchísimas y graves dolencias y enfermedades.
Salvo el olvido completo de sí mismos y los que conformamos su entorno.

No puedo traducir al lenguaje la ternura que me inspiran esos abuelitos incapaces de recordar su nombre pero con una sonrisa de felicidad en los labios.

Insisto: son bebés grandes pero reacios al aprendizaje.

Me causa un dolor inmenso que mis queridos progenitores en ocasiones no me reconozcan.

Me saludan muy amables pero preguntándose qué demonios habrá venido a hacer "esa señora" a su casa, violando su santuario de tantos años.
Y yo me voy llorando porque en realidad ya no tengo padres, soy huérfana de sus cuidados y desvelos, se ha producido una translocación de roles y ahora soy yo quien tiene que ocuparse de ellos ¡si en su terquedad infantil, se dejan!
El teléfono ya no suena para preguntarme como me encuentro o simplemente para darme las buenas noches.

Les distraen los videos simplones incluso infantiles y han resucitado la pueril costumbre de merendar encontrando la felicidad en una galleta “Príncipe”.

Ya no se les pueden consultar problemas, ni compartir con ellos alegrias y preocupaciones. Les excede toda circunstancia que no afecte directamente a su bienestar.

Pero siguen aquí acariciando la nostalgia con su presencia, agarrándome fuertemente las manos cuando voy a verlos y la lucidez se abre paso en sus oxidadas mentes.

Hay tardes en que en la penumbra del salón les oigo reír las payasadas de Cantinflas ajenos a las elecciones que vienen o a la crisis que nos amenaza a diario.

Hay quienes piensan que ese estado semivegetativo no merece respeto.
Discrepo, por supuesto.

Es duro, sí, pero ellos nos dieron la vida con la mayor generosidad y ahora necesitan que nos hagamos cargo de su situación tan vulnerable.
Nos ayudaron en la ardua tarea de convertirnos en lo que somos. Lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron. Con errores disculpables y aciertos espléndidos.

Además, ¿qué hay en el fondo de sus mentes?
Situaciones remotas en las que fueron fuertes y valientes, en que eran el puntal de nuestras existencias, enjugaron nuestras lágrimas, nos ayudaron a hacernos adultos maduros y responsables.

Conocieron el amor y eso, su capacidad de dar afecto, tan cerca de la muerte que nos privará de ese privilegio definitivamente, es el tesoro que nos queda para siempre.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Recuperar la Navidad


A mi modo de ver prematuramente y con tanta antelación, las calles de nuestras ciudades y las Grandes Superficies ya lucen todas los adornos navideños que constituyen la expresión de un topicazo que dentro de pocas fechas, se convierte en muletilla.
Se provoca tal aluvión de compras, alusiones superficiales externas y absurda parafernalia inútil de espumillón que muchos reniegan abiertamente del espíritu navideño,

Pero es que todo eso es artificial.

En el mercado, después de abonar la exigua compra musitamos "Feliz Navidad" al atribulado comerciante que ve como con la crisis, apenas si vende unas docenas de langostinos. Luego no es feliz.

A nuestras amistades les enviamos ciber tarjetas y escribimos con gruesos caracteres "Feliz Navidad", pero muchos de ellos no han pagado los últimos plazos de la hipoteca - la crisis, ¡vaya por Dios! - y pese a las lucecitas que han colgado de un árbol, sintético y patético, la angustia de la sombra del embargo se cierne sobre su Nochebuena y evidentemente, no son felices.

Al bajar del taxi, nos despedimos con un atropellado "Feliz Navidad", pero el taxista no contesta, abatido por el agotamiento de la crisis que le ha mantenido esa jornada ocho horas al volante, en mitad de un inexplicable caos circulatorio, como si las grandes ciudades españolas estuvieran llenas de miles de refugiados desesperados que tratan de subir al último helicóptero que salió de Saigón; ocho horas al volante y muy pocas carreras en su haber. Así que, no, tampoco es feliz.

Pero nos aferramos a nuestro mecánico parabién como si fuera un mantra que creernos para nosotros mismos. Que a fuer de repetirlo se hiciera realidad.
Y por más que lo intentamos, no conseguimos convencernos.

Compramos todos los números de la lotería aun sabiendo como canta el tango que "la suerte que es grela, fallando y fallando nos manda parar", para que acabe por tocarnos el resignado premio de consolación de la salud, ¡que no es poco, ¡caramba!, pero que no nos hará olvidar que hemos agotado el subsidio de desempleo y Navidad, ¡ a quién se le ocurre!, es fin de mes.

Y es que en esta sociedad gobernada por "princesas del pueblo" que vociferan en la televisión y malandrines que hacen de la política un medro personal que dan la espalda al que con su voto les consiguió el empleo, auténtica sinecura de mucha cháchara y poco curro, además de prohibir soñar, prohibir reír, prohibir vivir sin crisis que sirva de coartada, nos prohíben ser felices incluso en Navidad.

Una Navidad que se vende en los grandes almacenes a precios exorbitantes y a la que, por lo tanto, muchos no tienen acceso.
 Y es que hemos convertido la Navidad en un engendro de dispendio, un incordio que hay que sobrellevar con estoicismo y una paradoja absurda en la que las figuras, sencillas o suntuosas, de los Nacimientos, las venden los chinos; políticos con cinismo insultante nos proponen sustituir el pavo por conejo - la crisis, ¡ que sí puñeta! - y los Reyes Magos, la última ilusión acariciada, han perdido la estrella y el rumbo, ganados por la mano por ese mofletudo gordinflón llamado Papá Noel que asalta los hogares trepando las fachadas en su versión de plástico, cargado con un saco donde, perpetrado el allanamiento a nuestros domicilios, no se sabe si nos trae un obsequio o se lleva el botín.

Los ricos no celebran la Navidad. Se van de crucero al caribe a tomar el sol y trasegar caipirinhas.
Los pobres no comen ni siquiera conejo y la clase media, medular de este país, nos quedamos en casa y el 24 de Diciembre, a medianoche, contemplamos con una sonrisa íntima y fugaz al Niño que nació siendo Dios, Dios próximo, paternal y doméstico, vergonzantemente murmuramos para nuestros adentros Feliz Navidad y la crisis se esfuma por segundos, mientras, como dijo el poeta, recuperamos en un ramalazo de luminosa memoria "esos días azules y aquel sol de la infancia".

Y todo adquiere otro verdadero sentido y vuelve a nosotros el trascendente y salvífico don de la Esperanza, auténtico regalo de la Navidad.

martes, 15 de noviembre de 2011

Una carta cualquiera



Aunque es un mero "ejercicio literario" estas líneas podrían escribirlas muchas mujeres. A ellas y a sus cualidades se las dedico…

Amor mío:

Esta mañana te has levantado con el consabido malhumor de los comienzos de semana, me has gruñido cuando, entusiasta, te he dado los buenos días y luego hemos desayunado en la cocina, frente a frente, en silencio absoluto; más que compartir el café con leche parecía que estábamos en un duelo.

Sé que tienes muchos problemas en el trabajo, que ya no eres un niño y lo duro de tus ocupaciones te agota, que somos un regimiento y tú mantienes el pilar de nuestro sustento económico ¡pero, chico, las cosas no van tan mal!

Cuando eras más joven conseguía arrancarte una sonrisa,  pero ahora se te ha puesto el ceño fruncido y ojeras de señor mayor. Pues que sepas que a mí me conmueve y me enamora tu esfuerzo y tu constancia, que valoro que madrugues más que los pobres basureros, pero necesito que me des un beso cuando te vas y cuando vuelves.

Con ese poquito me conformo, con eso y con que me ayudes a recoger la cocina cuando vienes a cenar tardísimo ¡yo también necesito acostarme pronto!

Nunca has sido un hombre cariñoso pero no quiero que te conviertas en un autómata, lo que ignoras es que hace meses que no me compro ningún capricho porque estoy ahorrando para un viajecito. Lo peor que puede pasar ¡es que Venecia se haya hundido definitivamente cuando me pueda permitir pagar la reserva del hotel!
Ojalá que te guste esta sorpresa y que el relax te devuelva la alegría de cuando éramos dos críos empezando a construir nuestra familia, empresa que ha resultado más ardua que levantar una Catedral gótica, pero te aseguro que yo repetiría.

Eso sí, tendríamos que corregir algunos fallos de la estructura.

Por ejemplo, ya sé que soy un poco gritona, pero es que tú has delegado el mando de la tropa en una servidora y no me queda otra que ponerlos ¡firmes!
No es fácil lidiar con esta pandilla de jóvenes y adolescentes que aún nos necesitan tanto.

Igual que te necesito yo a ti y tantas veces no te tengo porque estás con la cabeza sabe Dios donde y no me atrevo a irrumpir a saco en tus  pensamientos.

Cariño, hemos de procurar que no nos venza el tiempo, la rutina, la monotonía, el agostarse de un amor que por mi parte sigue vivo, aunque se me marquen más de lo que yo querría lo que los estilistas llaman eufemísticamente” líneas de expresión” y son puras y duras arrugas.

Me gustaría que aún me deseases ¿Por qué te crees que tengo varios tipos de cremas y una legión de tarros de maquillaje? ¡Para estar guapa en tu honor!

Luego suena el teléfono y me dices que no te espere, que volverás a las tantas y tengo la sensación de que siempre me ves con el pijama raído, porque los camisones sexys con tanto personal pululando por los pasillos ¡son imponibles!

Tenemos que ganar la batalla a la crisis de los cincuenta, salir alguna vez a cenar ¡por favor! aunque sea a una tasca o una simple cafetería de menú…

Con tal de estar contigo lo que sea.

Hoy voy a empezar a poner en práctica lo que espero se transforme en costumbre: te voy a mandar un sms que diga “Te quiero”, como si en lugar de tu esposa fuese una amante furtiva y ardiente.
Y es que es la verdad. 

Te quiero cuando me riñes por los gastos excesivos, te quiero cuando oigo el llavín de la puerta que anuncia tu presencia, te quiero cuando te abstraes y no quieres escuchar, te quiero cuando me invitas a un helado en una jornada gloriosa de verano, te quiero cuando te veo dormir abrazado a la mullida almohada y te imagino de niño.

Te aseguro, cielo, que voy a reconquistarte para que pasemos una vejez que sea la segunda primavera de nuestra unión.

Y perdona que me ponga prosaica: no te enfades pero hoy volveremos a comer macarrones porque se me ha complicado el día y no he podido comprar otra cosa. El sábado intentaré esmerarme ¿vale?

¡Venga, un mordisco en la oreja que reconoce que te encanta aunque disimules, a ver si te pone en forma!

Espero que este correo no sea la secretaria quien lo lea porque ¡como si tuviéramos 18 años te mando un beso "de película"!
Tuya siempre.